domingo, 18 de octubre de 2009

Niños


Hoy ha amanecido un día brumoso, pero pronto ha despejado y el sol ha calentado bastante mis viejos huesos. Ya estamos en otoño, y los árboles del zoo han empezado ese magnífico espectáculo en que convierten el hecho de perder sus hojas. Ha comenzado el curso y llegan ya las primeras excursiones de colegios. Me gustan los cachorros humanos mucho más que sus mayores, les encuentro sumamente parecidos a nuestros propios pequeños, tan alegres y activos, tan imprevisibles.
Precisamente estos últimos días ha sido noticia principal de los medios de comunicación el caso del niño aeronauta norteamericano (¿de donde si no?). Un chaval de seis años ,que supuestamente subió a un globo que su padre construía en el jardín y echó a volar, acaparó prácticamente la atención de los medios de comunicación, no solo en EEUU, su país, sino también entre nosotros. El niño, al parecer, estuvo todo el rato en el ático de su casa.
Por un día no hubo Gürtel, ni cientos de muertos y desaparecidos en los dos o tres últimos desastres naturales. La campaña del miedo con el lucrativo negocio de la gripe A se tomó una tregua. No hubo casi ni fútbol durante unas horas.
Al final, parece que la cosa pudo ser un montaje más de alguien con prisas por vivir sus quince minutos de gloria mediática. Mientras tanto, otros temas apenas llegaban a los titulares, como siempre pasa. Según un informe de la FAO, más de mil millones de personas pasan hambre, y parece que serán 2.300 millones en 2050. La crisis, también como siempre pasa, se está cebando en los más desfavorecidos, mientras los ricos, cuya principal amenaza sanitaria es la obesidad, hacen estadísticas y predicciones científico-estadísticas. Y miran como vuela un globo en el que no va ningún niño, en sus televisores de pantalla plana.
La manzana que me estaba comiendo no me está resultando tan rica y dulce como las de siempre.