viernes, 17 de septiembre de 2010

Expulsiones

La polémica surgida estos días en relación con la expulsión de gitanos de Francia retrata con lujo de sombras, detalles y relieves a nuestros impresentables líderes.

Al de la derecha, Marianico el corto, deudor de los ultramontanos que alberga en su partido como tributo a un pasado de recorridos en uniforme de gala bajo palio y junto a obispos sebosos, que no se baja más los pantalones porque ya los tiene en los tobillos, y que supone que el presidente francés, corto también pero solo físicamente éste, habrá actuado dentro de la legalidad. Es lo menos que se espera de un fascista francés a principios del siglo XXI.

Al de la supuesta izquierda, Zapatero el embustero, no sabemos muy bien como pago a qué o a quien; puede que un poco de todo, como tributo y reconocimiento al miniescualo francés, que le ha llamado imbécil en un par de ocasiones pero que tiene la llave de los éxitos contra los asesinos en los que quizá el traidor espera cimentar un inseguro éxito electoral futuro, o a la foca alemana que le ningunea siempre que puede, coincidiendo con el diagnóstico del enano francés, pero que podía haberse ensañado más todavía ante la incompetencia gubernamental para apuntar caminos de salida a la crisis.

De manera que el retorno a los tortuosos caminos de expulsiones, deportaciones fundamentadas en características raciales que además inciden en los más desfavorecidos, fomento de la exclusión social y anudado de argumentos para la discriminación y el racismo, está servido en la civilizada y democrática Europa, que busca en esas sendas una salida a una simple crisis económica.
La única que le ha echado un par al asunto y se ha atrevido a levantar la voz para denunciar esta vergüenza, la comisaria Reding, va a tener que pedir disculpas y se perfila como la culpable de todo.

A ver si entre todos no la expulsan, extraditan, deportan, exilian, expatrían o incluso asesinan a ella, al final.